domingo, 1 de febrero de 2026

El GPS se puede equivocar...el corazón nó.




ME EQUIVOQUÉ DE DIRECCIÓN Y PINTÉ LA FACHADA DE LA CASA EQUIVOCADA... CUANDO LA DUEÑA SALIÓ ASUSTADA POR EL PRECIO, SUPE QUE NO PODÍA DETENERME.

🎨🏠 "Joven, deténgase, yo no tengo para pagar eso", me dijo con la voz temblorosa. Yo ya llevaba media pared pintada de azul cielo. Podía haber empacado mis cosas e irme enojado por mi error, pero al ver sus ojos nublados, decidí que ese "error" iba a ser mi mejor obra.
Soy pintor de brocha gorda. Apenas estoy empezando mi negocio propio.
El lunes pasado, recibí una orden de trabajo por WhatsApp: "Pintar fachada completa. Color Azul Colonial. Calle Los Pinos #45".
Llegué temprano a la dirección. La casa #45 era una vivienda pequeñita, humilde, con el enjarre gris y manchado por la lluvia de años. Se veía triste.
"Bueno, va a quedar bonita", pensé.
Monté andamios, lijé y empecé a echar pintura. El cambio fue inmediato. Esa pared gris cobró vida con el azul intenso.
Llevaba tres horas trabajando, ya con la mitad de la casa lista, cuando la puerta se abrió despacito.
Salió una señora muy mayor, apoyada en una andadera.
Se veía confundida y aterrada.
—Oiga... joven... —me llamó—. ¿Qué está haciendo?
—Buenos días, jefa. Pues pintando, como pidieron. Ya casi acabo el frente.
—Pero... ¿quién lo pidió?
—Pues el dueño. Me mandaron a la calle Los Pinos #45.
La señora se llevó la mano al pecho.
—Joven... esta es la calle Los Olivos #45. Los Pinos es la paralela, la de atrás.
Se me cayó el rodillo.
Me había equivocado de calle. El GPS me mandó mal o yo leí mal el mapa.
Estaba pintando la casa equivocada. Estaba gastando material caro y tiempo en una casa que no me iban a pagar.
—Dios mío —dijo la señora, con los ojos llenos de lágrimas—. Joven, deténgase. Yo... yo soy viuda, vivo de mi pensión. Apenas me alcanza para las medicinas. No tengo para pagarle este trabajo. Por favor, no me cobre. Déjelo así, aunque se vea de dos colores. Perdóneme por no salir antes, es que no oigo bien.
Sentí un frío en el estómago.
Había desperdiciado 2 cubetas de pintura premium. Mi día de trabajo estaba perdido. Mi "yo" empresario me decía: "Recoge todo, vete a la dirección correcta y trata de salvar el día".
Pero luego miré la casa.
La mitad estaba hermosa, azul, digna. La otra mitad seguía gris, sucia y triste.
Y miré a la señora. Estaba angustiada, pensando que le iba a cobrar una fortuna que no tenía.
Suspiré.
—Señora —le dije, bajando de la escalera—. No se preocupe. Fue mi error. Usted no me debe nada.
—Ay, gracias, mijo. Entonces... ¿ya se va?
Miré la pared a medio terminar. Parecía una cicatriz.
Si me iba, esa casa se vería peor que antes. Sería un recordatorio constante de algo incompleto.
—No —le sonreí—. No me voy. Ya empecé el baile, ahora lo termino. No puedo dejarle la casa como un dálmata.
—Pero no tengo dinero...
—Ya le dije que fue mi error. Y en mi pueblo dicen que el que rompe, paga. Yo "rompí" su fachada gris, así que yo pago la pintura. Métase, que el sol está fuerte. Le aviso cuando acabe.
Terminé la casa.
Pinté los marcos de las ventanas de blanco (eso no venía en el plan, pero se veía mejor). Arreglé un pedazo de banqueta rota con un poco de mezcla que traía.
La casa brillaba. Ya no era la casita triste de la cuadra; era la más bonita.
A las 4:00 PM, la señora salió.
Traía una jarra de limonada y unos sándwiches de jamón en un plato.
Se quedó mirando su casa desde la banqueta.
Lloró.
—Mijo... mi esposo siempre quiso pintarla de azul. Decía que era el color del cielo. Se murió hace 10 años y nunca pudimos. Hoy, él debe estar sonriendo allá arriba.
Me dio un abrazo que valió más que los 3 mil pesos que perdí en material.
—Gracias por el "error", joven. Es el error más bonito que me ha pasado.
Fui a la casa correcta (la de la calle de atrás). Le expliqué al cliente real lo que pasó.
Pensé que se enojaría por el retraso.
Pero cuando le enseñé la foto de la casa de la señora y le conté la historia, el cliente sonrió.
—¿Esa es Doña Carmelita? —me preguntó—. Es una santa esa señora.
Sacó su cartera.
—Cúbreme el costo de la pintura que usaste con ella. Yo te lo pago. Y empieza mi casa mañana. Gente honesta es la que quiero trabajando aquí.
Ese día no gané dinero, pero gané dos clientes y una lección:
A veces, el GPS se equivoca de dirección, pero el corazón no.
Si cometes un error que beneficia a alguien que lo necesita, no es un error... es un regalo disfrazado de accidente.

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