Cuanta tristeza, que curva tan escabrosa nos toca doblar culpa del robo del dinero que hemos aportado. Un Estado que nos defrauda al final del camino, que abandona miserablemente, arrumba a lo bruto a cuanto viejo se cruza en el camino y además los rocía con gas pimienta. Para que tengan. Cada uno en su mísera circunstancia. Algunos abandonados en geriátricos que ni pañales tienen. Otros golpeados física o espiritualmente. Mil casos de suicidios escondidos culpa de un sistema que tiene por objetivo liquidarnos. Jubilaciones infelices culpa de esta casta piratona que se anota sueldos, sobresueldos extravagantes, dietas extras y premios por un voto mercenario. Además del robo sistemático que practican con impunidad increíble que esta a la vista. Miserables. No vengo aquí a pedir que se iluminen porque no habrá pila que alcance para alumbrarlos. Vengo a recordarles que toda vida, la de sus padres, la de sus abuelos, la de cualquier viejo, es una maravilla que debería cuidarse y honrarse. Viejos, jubilados estafados de su propio dinero y sentimiento al filo del colapso y de la vida esquivando palos, gases y planificaciones maquiavélicas. Miserables insensibles gestores de un genocidio fantástico. Vaya a saber como la naturaleza les conectó el cerebro con el corazón. Vaya a saber. No solo son ladrones. Son genuflexos sin destino. Los que son un riesgo y viven demasiado no son los jubilados. Son ustedes que provocan esta tragedia con sus piraterias encumbradas.



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