jueves, 4 de junio de 2026

Ni un jubilado menos.

 Cuanta tristeza, que curva tan escabrosa nos toca doblar culpa del robo del dinero que hemos aportado. Un Estado que nos defrauda al final del camino, que abandona miserablemente, arrumba a lo bruto a cuanto viejo se cruza en el camino y además los rocía con gas pimienta. Para que tengan. Cada uno en su mísera circunstancia. Algunos abandonados en geriátricos que ni pañales tienen. Otros golpeados física o espiritualmente. Mil casos de suicidios escondidos culpa de un sistema que tiene por objetivo liquidarnos. Jubilaciones infelices culpa de esta casta piratona que se anota sueldos, sobresueldos extravagantes, dietas extras y premios por un voto mercenario. Además del robo sistemático que practican con impunidad increíble que esta a la vista. Miserables. No vengo aquí a pedir que se iluminen porque no habrá pila que alcance para alumbrarlos. Vengo a recordarles que toda vida, la de sus padres, la de sus abuelos, la de cualquier viejo, es una maravilla que debería cuidarse y honrarse. Viejos, jubilados estafados de su propio dinero y sentimiento al filo del colapso y de la vida esquivando palos, gases y planificaciones maquiavélicas. Miserables insensibles gestores de un genocidio fantástico. Vaya a saber como la naturaleza les conectó el cerebro con el corazón. Vaya a saber. No solo son ladrones. Son genuflexos sin destino. Los que son un riesgo y viven demasiado no son los jubilados. Son ustedes que provocan esta tragedia con sus piraterias encumbradas.





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